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lunes, 6 de junio de 2011

NOSTALGIA


¿Alguien sabe lo que es la añoranza? ¿Acaso es ese extraño sentimiento que se tiene cuando percibes que te falta algo o alguien?

Su intensidad varía en función de lo importante que esa persona o cosa sea para tí. Hay quien también define este sentimiento como nostalgia. 

Para mi éste es un sentimiento bipolar. Si, tal cual. Te hace sentir mal, porque echas de menos a alguien, pero a la vez, tiene su parte positiva, porque te hace ver que en tu vida hay alguien (es mas frecuente en mi echar de menos a personas) cuya ausencia te hace sentir mal, pero que con sólo saber que está ahí, a 9 dígitos de teléfono, te alegra el día. Por eso la nostalgia y la añoranza son para mi sentimientos bipolares. 

Hace tiempo os dejé con un hombre encapuchado corriendo por una calle abajo. Ese mismo hombre hoy se encuentra, en mitad de la noche, bajo la ténue luz de una farola, que para más intriga proyecta una luz intermitente. Estos fogonazos de luz sirven para ocultar la encapuchada figura que contempla las casas vecinas. Su instinto le dice que hoy habrá trabajo que hacer. 

Ajeno a su presencia, Antonio, vecino de la Calle de las Hilanderas, desempeña su rutina diaria. Tony, pues así lo llaman sus amigos, es un hombre nocturno, vespertino al cien por cien (por no decir vampírico). Sobre su cabeza, el antiguo reloj, herencia de sus antepasados, marca las 23.15 con unas manecillas de oro, barrocas como ellas solas. A las 12 sabe que le esperan, no puede retrasarse demasiado. 

Tony es un hombre nostálgico. A los 20 años (de sus actuales 35) se vió obligado a abandonar su Asturias natal, dejando tras de sí un reguero de recuerdos, amigos, momentos vividos y, por qué no, también desgracias. Lo que más ensombrece sus recuerdos es haber dejado allí a Sofía, una chica de su misma edad, cuyos ojos eclipsarían al mismo sol. 

En Asturias vinieron momentos geniales juntos, enamorados como dos adolescentes que eran, hasta que el destino separó sus pasos "para siempre". Tony ya no alberga esperanzas de volver a ver a su amada Sofía, pero aún así sigue resignado a empezar una relación con otra persona. Sofía le ha marcado, le ha robado la parte de su corazón dedicada al sexo opuesto. 

Son ya las 23.47, Tony ha quedado con Indalecio, el vecino del quinto, un asturiano solterón, de 36 años de edad, con quien le gusta compartir botellas de barceló con coca-cola a la sombra de la catedral. Indalecio a quedado de picar a las 24.00. Tony ya esta listo, esperando en la cocina, mientras recuerda cosas de su pasado, mientras recuerda a Sofía. 

Toc, Toc, Toc. Suena la puerta. Es estraño, a Indalecio le gusta mucho más llamar estrepitosamente al timbre. Este parece un sonido tímido, como si la persona que pica temiera despertar al anfitrión. Tony se dirige a la puerta mientras grita:

" Joe Indalecio, nun me digas ir hoy tas raru otra vez.   Un paisano de verdá tien que toca'l timbre". 

Abre la puerta al tiempo que se da la vuelta (sin ver a la persona que picaba) y da la vuelta hacia la cocina diciendo:  

" Pasa p'acá y sientate un puquinín mientres  voy coyer perres. Hoy ta to pagao"

Una risa tímida le hace darse la vuelta. Una risita atípica, que hace mucho tiempo que no escucha. Tony cree que está soñando. Hace más de 15 años que no oye esa risa, tan llena de recuerdos, de pasiones y de buenos momentos. No es posible. En la puerta no está Indalecio. La tosca figura de su vecino ha sido sustituida por otra muchísimo más bonita, muchísimo mejor. Una figura que, aunque nunca había sido borrada de su mente, parecía imposible que volviera a ver. Los ojos de la nueva visitante, verdes, tal y como el los recordaba, se fijaron en los suyos. Las miradas se encontraron y saltaron chispas, en aquella mirada, había demasiadas cosas escondidas. 

Son las 0:10 e Indalecio aún no ha aparecido. Tony decide que  ya se disculpará con él al día siguiente. Hoy tiene visita. Sin necesidad de pronunciar una sola palabra hace pasar a su invitada, tras un beso de casi 20 minutos, y se dirigen a la terraza, para continuar su pasión, su noche loca. 

Al llegar ambos a la terraza, contemplan en la esquina de la calle la farola intermitente, comportándose de tan extraña forma. Ya pensarán mañana en llamar al ayuntamiento para que la arreglen. 

Tony mira a Sofía de nuevo, solo tres segundos, y ambos se funden en un tierno beso, un beso que, lleva esperando en sus interiores desde el momento en que se despidieron. En llamado beso del reencuentro de los enamorados. Mientras los dos amantes se funden en el beso, a los pies de la farola, acontece algo extraordinario. Un leve giro sobre sus propios pies, un volteo de capa, y nuestro hombre encapuchado desaparece con una sonrisa en sus labios. 

"Sabía que hoy iba a tener trabajo, pero esperaba que fuese más complicado que un simple viaje de 1000 kilómetros"

Dedicado a ti, que te echo de menos, que tanto te añoro. Ojalá nuestro protagonista encapuchado siga haciendo su trabajo (sólo son 20 Km)

lunes, 18 de abril de 2011

UNA FIGURA ENCAPUCHADA....

La lluvia apedrea sin piedad los adoquines de la Calle de los Zapateros, sin cesar, produciendo un sordo y rítmico lloriqueo en los sumideros del alcantarillado.

Una figura encapuchada, siniestra, espera en la esquina del mercado, al fondo de la calle, bajo la incesante lluvia primaveral. Siempre  le ha gustado la lluvia, sobre todo al verla caer sobre sus hombros. Se siente limpio bajo ella. Su madre siempre le dijo que la lluvia purifica a los infelices y que aquellos que huyen de ella lo hacen por ignorancia o por vagancia.

La tormenta se incrementa a pasos agigantados, en la calle comienzan a formarse verdaderos ríos, que discurren sobre el adoquinado de la plaza del mercado. La Calle de los Zapateros, cual Rambla de Barcelona, drena el exceso de agua en la Playa de Felicidad.

Desde la ventana de su casa, un hombre enjuto, de unos 60 años, observa descaradamente a la encapuchada figura. Siempre le recuerda a alguno de los personajes de su ingente biblioteca. Le ve pues, como un asesino a sueldo a veces, otras como un hombre siniestro presa de su pasado, o simplemente como un detective secreto o un miembro de la inteligencia del país.

Pasa las horas bajo la tenue luz de una farola, lo cual le da un aire de misterio y cierto parecido con un demonio andante. Daniel, pues así se llama nuestro viejecito, piensa en qué podrá estar pasando por aquella encapuchada cabeza, que enfunda su cuerpo en una capa color negro, con el forro rojizo. Hace tiempo que pasaron los carnavales y esa figura le desconcierta por momentos.

El encapuchado es un personaje de la noche. El otro día, Daniel escuchaba a su amigo, El Zapatero, hablar de la figura encapuchada al amparo de dos copas de Coñac Carlos III. Él, nunca antes le había visto en la ciudad, hasta hoy, hasta este preciso instante. Apareció con la lluvia, mirada sombría, su cara sumida en las sombras, pasos ágiles, formando un caminar tranquilo y pausado. El caminar típico del hombre sin prisa, unos pasos que en un palacete abandonado helarían la sangre del propio Cid Campeador o de Napoleón Bonaparte.

A Daniel se le apetecía un café, con unas gotitas de esa botella de coñac oculta en la despensa. Pero él sabía que no eran más que sueños. Desde la muerte de La Bernarda a manos de la Espondilitis Anquilosante y un ataque al corazón se ve sumido en la más remota pobreza, tanto económica como espiritualmente. Ha pasado a ser un hombre desgraciado, considerado incluso peligroso, vestido de mendigo mientras tocaba en la plaza del mercado un ajado violín a cambio de alguna limosna que le ayudase a subsistir. Su pata de palo y sus problemas de espalda, acompañados de su Psoriasis le han cerrado las puertas de todos los lugares, excepto la de su amigo, El Zapatero, que de vez en cuando aún se sienta a su lado y le invita al cine, al teatro, a dar paseos o a una copita de  coñac en el único bar del pueblo donde Paco puede entrar.

Daniel, cansado ya de mirar por la ventana decide acostarse. Se dirige a su vieja cama, ahora tan fría y ruinosa, mientras recuerda su nidito de amor, el lugar en que él y la Bernarda pasaban cada noche. Desde la ausencia de la mujer de su vida, la casa huele a soledad, a abandono, pero sobre todo, a melancolía. Daniel la recuerda a cada paso que da por el pasillo. Cada leve recuerdo de su amada le acerca más y más a su tormento, dormir toda la noche en una cama fría, desamparada y solo.

Una vez que nuestro viejecito se acostó, la figura encapuchada desapareció de bajo la farola, ya sin ser visto por nadie. Siempre esperaba este momento para entrar en acción. El momento en que todas las luces de la calle de los Zapateros se apagan.

De pronto en la noche, Daniel, oye un ruido sordo en su ventana. Asustado salta de la cama, tratando de buscar un escondite. Tiene verdadero miedo. Sobre la mesa de su cocina, fuera aún de su vista hay un paquete, envuelto cuidadosamente. Por la Calle de las Hilanderas, a paso veloz desaparece una figura encapuchada, dirigiéndose a su próximo objetivo.

En la cocina, un tembloroso y asustado Daniel procede a abrir el paquete recién llegado. No sabe lo que es, el miedo atenaza todos sus músculos. Al final termina de desenvolver el paquete. Sobre la alacena hay un paquete de azúcar, dos litros de leche, un paquete de café y una botella de Carlos III.

Daniel se asoma a la ventana del salón. Ha dejado de llover y la figura encapuchada ha desaparecido.

domingo, 3 de abril de 2011

Triste amanecer

Amanecer, triste amanecer en la fría aldea de Villavieja. Hace un día de perros, fuera, la gente se pasea enfundada en sus trajes de agua, sus boinas caladas, sus paraguas enormes, todos negros. La primavera ha llegado, y las torrenciales lluvias que la acompañan hacen acto de presencia. 

Los perros se esconden de la lluvia bajo una infame cantidad de objetos de lo más variopinto, los gatos corren a refugiarse bajo los tejados de las casas, el parque, ya no tiene a Juan, Él también ha decidido refugiarse. 





Sólo, en una esquina se encuentra nuestro protagonista. Sus amigos no le han dejado protegerse junto a ellos. Camina, en solitario, por la gran avenida que atraviesa el pueblo.   No sabe lo que ha hecho para que sus colegas le traten así, se siente despreciado, abandonado, solo. Es un ser olvidado, alejado de su familia. 

Hace tan solo un mes que llegó aquí. Al principio todo eran buenas impresiones, sus amigos le aceptaban, hasta consiguió una novia, preciosa. Luego, la enfermedad empezó a hacer mella en él. El pelo comenzó a caerle, las llagas asomaron a su piel, su novia le abandonó, ella fue la primera en despreciarle. 

Luego sus amigos empezaron a hacerse a un lado cada vez que se cruzaban con Él. Es el estigma que nos regala la enfermedad. El miedo sufrido por los demás ante tal demonio. Nuestro protagonista se quedó solo, abandonado, estigmatizado, perdido y obligado a merodear por las calles, montes y praderas del pueblo. 

Come lo que encuentra, normalmente lo que sobra en Casa de Paco cada día. Su caminata, sin rumbo alguno, le lleva de una punta a la otra de Villavieja. Hoy se irá del pueblo. Con suerte, encontrará el mundo feliz que tanto anhela. Lo más probable, que se quede en una cuneta, camino del pueblo vecino. Es su forma de descansar, pero sabe que algún día, descansará para siempre. 

Llega ahora a la puerta de una casa, dentro suena una melodía preciosa. Se detiene a escucharla, sabiendo que será lo último que haga, y esperando su habitual patada en las costillas, indicador de que ha de irse de allí. La música es preciosa, reactiva todas las células de su cuerpo, le hace revivir, le ayuda a recordar tiempos pasados, mejores.  Inclina su cabeza, levanta sus orejas, alguien viene hacia la puerta, chillando de alegría. 

Fuera, en la calle ha dejado de llover, Jaime, con sus botas de agua y su traje inpermeable quiere ir a pisar charcos. En la puerta, nuestro protagonista, se resigna. Mientras suene la música, no se irá, aunque eso le cueste una paliza. De pronto, la puerta se abre, un niño sonriente le ve, pero no se asusta, Jaime es un chico valiente. 

- Espera aquí, no te vayas, dice el niño a nuestro amigo, mientras le acaricia tiernamente entre sus orejas. 
El otro le mira con los ojos llorosos, inclinando nuevamente la cabeza. Es la primera vez que alguien se lo encuentra en su puerta y no le atiza una paliza. 

Pasado un rato, el niño vuelve. La música ha parado, por el pasillo caminan tres personas. Una chica, un apuesto joven y a la cabeza del grupo, el niño. Los tres se encuentran a Bruno en la puerta. Los ojos llorosos del animal les infunden cariño, les muestran los deseos de ser aceptado, de no ser rechazado como el perro sarnoso que es. 

Se agachan junto a Bruno y lo acarician. Clara tararea una melodía preciosa antes de decirle:

- Si quieres, te quedarás con nosotros, alegrarás la infancia de Jaime, pero antes, hemos de ir al veterinario para que te cure las heridas

De este modo, Bruno, pues así fue como se llamó y se llama en la actualidad, pasó a formar parte de una familia. Sus amigos y novia le habían despreciado, abandonado, pero encontró su familia, cuando se encaminaba a su muerte segura y aceptada. Su enfermedad se curó, volvió a ver sus amigos y novia, que esta vez ya no le rechazaron. 

Pasó a ser un miembro más de la familia. Cuando Clara tocaba en la soledad del salón, Bruno escuchaba con atención, saboreando cada nota, con la cabeza descansando en el regazo de Alejandro,  pero lo que más deseaba y apreciaba era, sin duda alguna, correr junto al incansable Jaime. 



P.D. Dedicado a todos aquellos que no encuentran la luz en su vida, para que nunca dejen de luchar por ella. 

domingo, 27 de marzo de 2011

En la tranquilidad del salón




Y os preguntaréis todos y todas qué ha sido de Clara y Alejandro.

Su vida continúa en Villavieja, al lado de su hijo, Jaime. Sus horas transcurren entre períodos de trabajo, estancias en casa, visitas al colegio en que estudia Jaime y escasos momentos de intimidad para la joven pareja.

El chico, siempre rebosante de energía y ganas de acción, ocupa cada segundo libre de sus días, pero son, ante todo, felices y dichosos. Jaime ha constituido, para ellos, una nueva luz, en un camino de obscuridad que con el tiempo se ha ido iluminando.

De vez en cuando, Clara recuerda, con lágrimas en los ojos, su pasado, su vida anterior. Las noches dormidas abrazada a su guitarra, mientras trataba de arrancar de ella una leve melodía, han pasado a la historia, constituyen un capítulo anterior del libro de su vida.

En estos momentos, la joven muchacha canta para su hijo, el cual parece recobrar energías con cada acorde. En realidad es una música viva, alegre, y preciosa.

Alejandro, sentado en la cabecera de la mesa (el sitio de papá desde tiempos inmemoriales para Jaime), bebe tranquilamente su café, solo, sin azúcar, un café como Dios manda.

En la calle, el día está tonto. Si, tonto, un día de estos que ni hace sol ni llueve, que hace frío para salir en camiseta a la calle y calor para hacerlo con un jersey. Hoy ha dormido una hora menos, y eso se nota en sus ojos somnolientos, aún dormidos.

No es éste el caso de Clara. Ésta muchacha nunca necesita dormir. Siempre está despierta, alerta, reflejo aprendido de su pasado.

El nivel de la taza de Alejandro va disminuyendo poco a poco, como la arena de un reloj pasando del recipiente superior al inferior, lenta pero rítmicamente. De pronto, se acaba el café, para la música, Jaime se detiene, todo al mismo tiempo, en perfecta sincronía.

La pequeña familia recoje sus bártulos, y se disponen a salir al paseo de los domingos. Hoy comerán fuera, en el bar de Paco, que ha hecho  cachopos, el plato preferido de Jaime.

El paseo nuevamente transcurre tranquilo, en paz por el parque del pueblo. La visita a Juan, se ha convertido en costumbre de los paseos del domingo. Se ven, toman unas sidras y comen juntos. Ahora, Juan vive con su hija, Clarita, sigue tocando la gaita en el parque para sus amigos, pero ya no por obligación. Ahora trabaja en Herralia, la siderúrgica del pueblo, y tiene su familia. Hoy Clarita se apuntará a la comida famliar.

Pasadas dos horas de sidras, embriagados por el dulce sabor del delicioso manjar, se sientan a comer, en el níveo comedor de "Casa Paco" un local enorme, casi siempre vacío, pero dispuesto para la ocasión. Como siempre dice Paco a Clara:

- "Mantengo el local completo y preparadol, querida, para que el día que te decidas a tocar en mi bar, los espectadores tengan donde sentarse".
- No será para tanto, Paco - sonríe la sonrojada Clara.
- Sé que no pegan ni con cola, pero espero el día en que Juan y tu deis un concierto aquí.

sábado, 19 de marzo de 2011

Juanlu




Juan Luis Pérez Pérez, catalán, alto, moreno y con una vida ligeramente destrozada a causa de los estragos de su juventud, a la valentía y osadía que otorgan los 18 años de edad. Gracias al "Total, por uno no va a pasar nada". 

16:00: enciende su ordenador de sobremesa, llega justo a la cita. Se sienta en la silla frente a su cámara, triste, sólo, tal y como le ocurre cada tarde a la misma hora. 

Se enfrenta cara a cara con su miedo, con su principal enemigo, su enfermedad, aquella que ha ido mermando su vida, la que le ha ido estigmatizando desde el primer día hasta la actualidad. 

Gracias al gran equipo de científicos de su hospital, ni siquiera tiene que salir de su salón para asistir a su consulta, son los beneficios del internet, de la sociedad 2.0.

Cualquier duda que pueda surgirle, puede consultársela a su médico por correo electrónico. La única cosa negativa: nadie le dedica una sonrisa, una palmadita en la espalda. Los vecinos, conocedores de su enfermedad, lo marginan, pero por suerte, ya solo tiene que ir al hospital 4 veces al año para hacerse una analítica. 

La relación con su médico mejora a pasos agigantados, cada día va todo mejor. Debe ser que el que te sonrían a través de tu monitor Full HD mola muchísimo más que hacerlo en persona. Pero al menos está vivo.

Juanlu, como a mí me gusta llamarle, tiene VIHda, aunque esta cada vez me parezca más difícil de llevar. 



MÁS INFORMACIÓN SOBRE LA NOTICIA:

Diario Sur


Dedicado a todos aquellos que aún creen en las cualidades curativas de las sonrisas y de la integración social del paciente. 

lunes, 7 de febrero de 2011

Un 8 de febrero del año X

"Hasta en el oscuro mar hay luz."




Clara camina bajo la fría lluvia de febrero.  Desde la muerte de Julián a manos de las drogas en aquella Nochevieja bipolar, todos los meses visita el Centro de Acogida de Villavieja. En este centro habitan millones de niños sin padres, o lo que es peor, miles de infantes con padres a los que hubiesen preferido no conocer.

La tarde es fría, como otras muchas tardes de febrero, el mejor amigo de las gripes y resfriados. Clara, enfundada en su abrigo camina alegre por la calle, con su guitarra acústica a la espalda. Hoy es ocho de febrero y es un día muy especial para ella.

Al llegar a la puerta del Centro de Acogida, Doña Paquita la saluda con una sonrisa de complicidad. Desde la muerte de su marido se ha vuelto muy estricta y refunfuñona con los niños. La visión de Clara acaba de demostrarle que la noche de hoy será más tranquila, la muchacha es la única persona capaz de hipnotizar a los jóvenes. Hoy no habrá gritos en la noche, ni jaleos por los pasillos, ni tampoco carreras. Paquita podrá volver a dormir tranquila, sin que nadie perturbe sus sueños, aquellos en los que su difunto Manolo es el principal protagonista.

Unas horas antes:

Los niños del Centro de Acogida de Villavieja esperan la llegada de la jóven música con ansia. Hoy se ha retrasado un poco, lo que no es normal en ella. En una esquina, apartado de la algarabía, Jaime llora desconsoladamente con un regalo en sus manos. Llevaba mucho tiempo esperando este día, años enteros pensando en hacerlo, pero hoy tenía el presentimiento de que nunca más volvería a ver su sonrisa reflejada en sus ojos. Una vez más, el regalo volvería al fondo de su armario, a la penumbra de su habitación, al oscuro fondo de aquel rincón, al mismo lugar donde llevaba seis años encerrado.

Ella siempre llegaba después de comer. ¿Qué pudo haberle pasado hoy para retrasarse tanto?. El papel del regalo que Jaime arropa entre sus manos está ahora inundado de lágrimas. Nadie volverá a cantar para él, nadie le volverá a sonreir entre acorde y acorde. Nunca más podrá sumergirse en los ojos de esa persona a la que tanto quiere. Es consciente de que mañana se irá por fin del Centro de Acogida, se va para comenzar una nueva vida, con una nueva familia, pero no quiere irse sin antes haberla visto una vez más. Está seguro de que algo ha pasado y que no va a ser posible despedirse.

De pronto, en la sala de al lado, se oye un débil rasgueo, un sólo acorde que para Jaime es como un subidón de adrenalina. El resto de los chicos ni siquiera se han percado, pero Jaime, sí. Se levanta de su esquina y se dirige a la sala contigua. No puede creer lo que ahora ven sus ojos.

En el centro de la sala está Clara, la persona a la que más deseaba ver hoy. A su lado, un muchacho alto sonrie embelesado por la música, que ahora ya configura una gran melodía. Detrás de Alejandro (Pues supongo que ya os habrés percada de que no podía ser nadie más) se sitúa una mesa con una opípara cena y una pancarta que reza:

"FELIZ 6º CUMPLEAÑOS, JAIME"

El niño no cabe en si de sorpresa. Las lágrimas humedecen ya el suelo bajo sus pies. La dirección del centro le ha regalo una nueva familia por su cumpleaños, Clara le ha regalo algo mucho mejor, una fiesta, una cena y su amor incondicional durante casi dos meses y medio.

Haciendo uso de todas sus fuerzas, Jaime se seca las lágrimas de los ojos con la manga de su sudadera nueva, se dirige a la jóven música y extiende hacia ella sus brazos, buscando un gesto de cariño. Niño y jóven se unen en un abrazo bajo la llorosa mirada de Alejandro. Un susurro al oído de Clara, o suficiente alto como para que también Alejandro lo oiga, hace que a la chica le salten las lágrimas:

"Feliz cumpleaños para tí también Mamá"

Clara, con los ojos inundados en lágrimas busca la mirada de Alejando, se encuentran, se devoran, se sonrien y los tres se abrazan. Jaime aún no lo sabe, pero el regalo de Clara por su vigésimo segundo cumpleaños llegaría al día siguiente. Ya no serían solo dos personas en la enorme casa de Villavieja. Ahora serían tres personas, Clara, Alejandro y un niño un poco más feliz, Jaime. Clara siempre vio la llegada de los 22 años como la llegada de dos patitos feos. Ahora es consciente de que, al igual que en el cuento, los dos patitos acaban de convertirse en majestuosos cisnes.



"8 de febrero del año X"
  • 1828 - Nace Julio Verne, autor de "20.000 Leguas de Viaje Submarino" y "La Vuelta al Mundo en 80 días".
  • 1904 - Comienza la Guerra Ruso-Japonesa.
  • 1921 - Nace en Wallace, Idaho (Estados Unidos), la actriz  Lana Turner.
  • 1926 - Se crean los estudios cinematográficos de "Walt Disney Studios".
  • 1928 - En inventor J.L. Baird hace la primera demostración de la televisión en color.
  • 1931 - Nace en Marion, Estados Unidos, James Dean, actor e ídolo de la juventud de su tiempo.
  • 1971 - Las fuerzas militares del sur de Vietanam invaden Laos.
  • 1984 - Se inauguran el Sarajevo los Juegos Olímpicos de Invierno.
  • 1989 - En la oscura sala de partos de un hospital una madre grita de dolor mientras aprieta con fuerza la mano de su marido. Un niño asoma por primera vez su cabecita al ancho mundo que le espera fuera. Al mismo tiempo, en la habitación contigua nace Clara, una niña preciosa, tranquila y el orgullo de sus padres.
  • 2011 - Al fin el jóven Jaime recupera su familia, encuenta una familia tras más de seis años de absoluta soledad.


miércoles, 19 de enero de 2011

HOY SERÁ EL DÍA SIN LUZ

Lúgubre y fría oscuridad. Clara se dedica a rasgar las cuerdas de su guitarra acústica en el salón, una de las pocas cosas que es capaz de hacer casi con los ojos cerrados. Una hermosa melodía sale de la "boca" del instrumento que Clara acaricia con la maestría y profesionalidad habituales.

A su lado, el joven Alejando se sumerge en los mundos de fantasía evocados por el clásico instrumento, su perdición en aquella Nochevieja, su amor, el detonante del cambio en su vida, la maravilla de su historia. En la absoluta oscuridad que envuelve aquella sala de Villavieja, la melodía es como un rayo de sol matutino para las amapolas que asoman tímidamente sus cabezas al principio de la primavera. Una melodía revitalizante, alegre y que parece cobrar vida en cada acorde.

De pronto las miradas de los dos jóvenes se cruzan, saltan chispas de esa mirada, hay algo más que dos ojos viendo a sus dos compañeros más fieles. La música se detiene, la guitarra se hace a un lado, dos cabezas se aproximan, un beso, una caricia, amor en estado puro. Ambas cabezas se fusionan embebidas de la pasión que aportan los amores jóvenes (y no tan jóvenes). La mano del chico se desliza por el pálido cuello de Clara, la de ésta busca ahora la fuerte espalda de Alejandro. El beso dura una eternidad, parece que nunca va a acabar, durará lo que dure la pasión, y ésta es inagotable.

La melodía se retoma en el mismo punto donde hace unos minutos fue pausada. La oscuridad continúa. Poco más que esperar se puede hacer. Ahora, Clara decide cantar. Música celestial para los oídos de Alejandro. Tiene cosas que hacer, lo sabe, pero no será hoy cuando las haga. Al final de la canción ambos chicos se dirigen a la habitación. Sus hábiles manos les ayudan a despojarse de sus vestiduras, a acariciarse, a darse pasión a quererse, a formar un solo cuerpo fruto de la unión de los dos.

Pero de pronto.... un ruido capta en parte su atención, la luz ha vuelto iluminando la habitación y deslumbrando a los dos jóvenes. En un arrebato de pasión repentino, Clara da una vuelta en la cama, acciona el interruptor y ......... continúa, indiferente al regreso de la electricidad. Hoy no es el día, hoy será el día sin luz.


P.S. Dedicado a tí, lectora asidua, en prueba de que hay muchas cosas que pueden hacerse sin la electricidad, y de que algunas adquieren sin ella, incluso mayor valor y belleza (si cabe).

martes, 11 de enero de 2011

PREDICCIONES...





Alejandro respira aliviado al ver salir a Clara sonriente del baño de las chicas, ambos bromean y se ríen liberando toda la tensión acumulada. 

Tres semanas antes:

Volvemos a aquella noche de Nochevieja, a la noche de amor, pasión y ron barceló vivida por nuestros jóvenes personajes. La noche en que se conocieron. 

Desde aquel día algo preocupaba a ambos. Algo les atormentaba y apenas les dejaba dormir.  Alejandro no podía quitárselo de la cabeza. Aunque ambos estaban convencidos de que no había posibilidad alguna, la preocupación estaba presente en cada noche, en cada momento, en cada 5 minutos juntos. 

Alejandro estaba seguro de que no estaban preparados para lo que se avecinaba. Era la primera vez que sufría esta situación de primera mano (no había tenido que implicaras tan directamente en la situación). 

A las dos semanas de Nochevieja la situación es preocupante, todo ansiedad, incapacidad para llevar su vida de la mejor manera.  

Clara entra al baño. 10 minutos de cronómetro allí dentro. Alejandro espera ansioso, una niebla densa nubla su mente, no puede pensar con claridad, el cielo se le cae a los pies.  No sabe que hacer, sabe que puede que tenga que tomar medidas, pero no sabe cómo ni cuando ni siquiera cómo explicarlo a sus seres más queridos. 

Y Clara tarda en salir...
Lleva ahí dentro una eternidad. Esto no es bueno. No puede ser, las lágrimas se ocultan tras sus globos oculares, esperando el momento de echar a llorar a moco tendido. 

De pronto, Clara sale del baño. Su cara sonriente lo explica todo. Solo una raya, negativo. Ambos saben que no es definitivo, pero la niebla que no les dejaba pensar con claridad se disipa. Ambos sonríen y deciden disfrutar del bonito día de enero que les espera. 

En la papelera de baño queda la prueba de que nada pasa por el momento. El farmacéutico fue amable al vendérselo, explicando todo con claridad y dedicándoles una sonrisa. Sin dar nada por hecho . Todo de solucionó por el momento. 

P.S. Para tí, porque te quiero y porque hoy tocó así. Mañana "Dios" dirá. 

viernes, 7 de enero de 2011

Y MIENTRAS TANTO....





Noche de Reyes en la pequeña aldea de Villavieja. A las 8:00 de la tarde, Clara y Alejandro se disponen a salir de casa para ver la Cabalgata de Reyes, uno de los acontecimientos que más vida da al pueblo.  

La Cabalgata de Villavieja es una de las más famosas de la región. Sus Majestades los Reyes Magos, desfilan por la pequeña aldea durante casi dos horas  completas, acompañados por un centenar de niños venidos de los pueblos y ciudades cercanos. 

Villavieja es un pueblo pequeño, casi fantasma, excepto en Navidades. En esta fechas, por el gran turismo rural que supone el 90% de la vida económica del pueblo, la aldea renace y durante 2 semanas se convierte en el pueblo vivo con mayor número de habitantes en 100 millas a la redonda. Por eso a Clara le gusta el pueblo, por la cantidad de chiquillos que pueblan las calles del mismo en las temporadas masa turísticas. 

Los reyes desfilan en enormes carrozas arrastradas por tractores, dando tres vueltas completas al pueblo por los tres únicos itinerarios diferentes que existen. Los niños les siguen sus pasos, gritan, chillan y se agolpan en las aceras, mientras, Manolín, el anciano policía local, trata de evitar todo tipo de tragedias con los niños y las carrozas. 

Clara de sumerge en el gentío, se siente niña de nuevo, siempre disfruta viendo la cabalgata. La enorme procesión avanza a paso lento por las calles. Pasan ahora por delante del Bar "L' Esquina", propiedad de un jovial ancianito, llamado también Manuel, pero conocido por todos como Manolo, para poderlos diferenciar en los marujeos, del pobre policía local. 

Clara y Alejando, abandonan la cabalgata un momento, para hacer una visita a Manolo y tomarse el habitual chocolate caliente. El bar rebosa alegría y algarabía. Los niños entran y salen por la puerta comentando cada jugarreta, cada travesura. Clara y Alejandro se sientan en una mesa y disfrutan de los maravillosos chocolates y de una bandeja de churros, obsequio de Enriqueta, la anciana esposa de Manolo. 

Pasada casi una hora, y al volver a escuchar de nuevo el ruido de la cabalgata (pasa por delante del bar en los tres itinerarios) Clara y Alajandro pagan su consumición (han tenido casi que pelearse con Manolo para poderlo hacer, pues él nunca quiere cobrar a la jóven pareja a raíz de un problema que Alejandro resolvió a Manolo en el pasado) y abandonan en bar con ganas de más cabalgata, de más risas, de más algarabía aún. 

Al salir del bar una melodía lejana llega a oídos de Clara. Alejandro, el enamorado a través de la música (aunque no lo suele reconocer), levanta la cabeza cual perro de caza tras el rastro de una liebre. Es una melodía sensacional. Sin necesidad de mediar palabra entre ellos, los dos jóvenes se dirigen hacia la música. Tras 15 minuta llegan al parque. El panorama es desolador. Tres indigentes, con los ropajes destrozados, están sentados en torno a un individuo que toca la gaita. El estado general del gaitero no dista en absoluto del de sus compañeros, pero las notas arrancadas de sus instrumento son almizcle para Clara. 

Tras cinco minutos de pie, deciden unirse al grupo y sentarse junto a ellos en la hierba fresca del parque. La música les tiene hipnotizados. Es su forma de vivir la noche de Reyes. Saben que a ninguno de ellos les esperan regalos bajo un árbol esta noche. 

Pasadas 5 horas, Clara y Alejandro se levantan, solo quedan ellos y el gaitero. Antes de irse, Alejandro se acerca al hombre:

- Gracias, amigo, eres un genio de la música.
- Gracias a vosotros, chavales. Es la primera vez que veo a dos personas sentarse e integrarse con nosotros. Os agradezco el no haber mirado para otro lado. Dice Juan (así llamaremos al gaitero) con un marcado acento asturiano.
- ¿Acaso no somos ambos hombres, querido amigo?. Alejandro es incapaz de no sentir internamente desprecio hacia quien haya llevado a este hombre a tal estado.
- Yo ya no soy ni hombre. Soy Asturiano, de Llanera, Juan es mi nombre. Tras una pelea con un vecino tuve que dejar a mi familia, a mi pobre Clara de 8 añitos y venir aquí a vivir. Desde ese día estoy maldito, y maldigo cada día desde que me fui.

Alejandro no sabe que responder, se ha quedado bloqueado. 

Clara toma el relevo:

- Juan, ¿ha dicho usted que tiene una hija en Asturias llamada Clara?
- Así es jovencita. Es rubia, de ojos azules, una chica preciosa.
- Yo también me llamo Clara, -dice la jóven con los ojos ahogados en lágrimas-. Ahora tenemos que irnos, mañana tendrás más noticias de nosotros.

Al día siguiente, Juan dormita con la espalda apoyada sobre el tocón de un árbol. El mismo árbol que ayer le oyó tocar la gaita. Los primeros rayos del sol le despiertan. A su lado hay un paquete.  

Lo abre con mucho cuidado. Está cuidadosamente envuelto, con mucho cariño, pero Juan no acostumbra a recibir regalos.  Al abrirlo encuentra dentro un maletín negro, perfecto, lo abre y hay un papel escrito:

Hace años mi padre se empeñó en que tocara la gaita. No conseguí tan siquiera hinchar el fuelle. Soy negado para la música. Tu podrás hacer de ella lo que yo no fui capaz en 21 años. 
Te esperamos en la estación central y nos tomamos algo juntos. 

Clara y Alejandro






Junto a la estación de Villavieja, un Seat León negro está aparcado, con una joven pareja en su interior. En el GPS, una ruta fijada: Villavieja - Llanera (Asturias). Alejandro y Clara ven aparecer a Juan con el maletín en sus manos, mientras arrancan el coche. A los tres les esperan muchas aventuras y una semana de vacaciones en Asturias.  Juan acaba de recibir su primer regalo de Reyes en 13 años. 

¿Volverá Juan a Villavieja? ¿Encontrará a Clarita? Tal vez no lo sepamos nunca. 

miércoles, 5 de enero de 2011

CLARA, TENGO UNA CARTA PARA TÍ




Los andares de Clara son pesados, no parece la esbelta mucha que conocimos hace unos días. A su lado, Alejandro camina con ella, hoy han decidido dar un largo paseo, en lugar de conducir hacia su incierto destino, hacia lo desconocido. 

La pareja, cojida de la mano se dirige ahora hacia un entramado de túneles oscuros, húmedos y sombríos. El dolor de Clara se acrecienta en cada zancada. Un dolor punzante, desde el muslo hasta el extremo del dedo gordo del pie. A veces, llega a ser insufrible. 

Una serie de criaturas verdes pueblan las oscuras cuevas en las que Alex y Clara caminan ahora. Llegan a su destino, una puerta cerrada, con un par de sillas ante ella. No hay nadie allí. Clara pica a la puerta. 

Una voz seca le responde desde el interior:

- ¡Pase!
- Hola, Buenos..... Intenta decir Clara. 
- ¿Nombre?
- Clara García Alonso, responde la asustada chica. 
- Espere fuera hasta que le llamen.
 

Clara sale de la sala, nuevamente acompañada de Alex. Desde que le conoció, éste nunca le ha dejado enfrentarse sola a sus miedos. Se sientan ambos en la lúgubre antesala. En aquel entramado de túneles no hay más vida que la de ellos dos. Están abandonados. 

De pronto, una voz resuena al fondo del túnel:

- Clara García Alonso. 
La sobresaltada muchacha se dirige al fondo del túnel. 
- Hola, buenos... Nuevamente es cortada por una voz femenina:
- Póngase allí, contra aquella pared.


Clara está más asustada que nunca, Suda en frío, tiembla de miedo, siente pánico. Alguien la empuja hacia el interior de una caja, un habitáculo más oscuro que el resto de la sala. Clara está incomoda, siente frío. Mucho frío. De pronto una máquina, fuera de la oscura caja, empieza a hacer ruido:

- Ya puede salir.  
- Perdone, ¿qué me ocurre?, ¿Ha visto...? Clara es nuevamente interrumpida. 
- Le informaremos en un par de días. Ya se puede ir
- Gracias, adios, dice Clara con sus ojos envueltos en lágrimas.


Clara abraza a Alejandro y ambos de dirigen a su casa. La chica quiere llorar, o gritar, no lo sabe seguro. Sus sentimientos están confusos. Salen del túnel y se dirigen a casa. 


(15 días más tarde). 
El cartero del pueblecito donde Clara y Alejandro viven llama a la puerta de casa:


- Buenos días, Roberto, ¿alguien además del banco me ha escrito?
- Clarita, que gusto verte, nunca te pillo en casa. Prefiero verte a ti una vez al mes que a Alex cada día. Alex y el cartero se ríen, Clara se sonroja y sonríe. 
- ¡Eres un pelota, Rober!, dice Alejandro. 
- Tengo una carta certificada para tí Clara, ¿serías tan amable de firmarme aquí para poder entregártela? 
- Claro Roberto, aquí tienes. ¿te apetece tomar algo?
- No chicos, muchas gracias, pero aún me queda trabajo que hacer. Debo irme ya. Adios. 
- Adios Roberto, se despide la pareja.  


Clara y Alex se dirigen al salón de casa, y abren juntos la carta. Saben qué hay en ella, aunque no están seguros de querer leerlo. 


Aquí la carta

    Adjunto viene el correspondiente informe explicando la radiografía y un manuscrito que reza: Hola Clara: Hace dos días hemos recibido el informe radiológico de la radiografía que hiciste hace unos días.  Resumiendo puedo decirte que tienes un pinzamiento del nervio ciático que es el que te produce el atroz dolor en tu pierna. Es relativamente normal lo que te ocurre, así que no te preocupes. Espero tu pronta visita en la consulta para empezar con el tratamiento adecuado. De momento, te adjunto una receta de un antiinflamatorio para tratar de aliviar un poco el dolor.  Sin más, me despido hasta tu próxima visita: Juan Carlos de Vicente Médico de Atencion Primaria de Villavieja N de colegiado: 33512


Tras la lectura de la carta Clara esboza una sonrisa y apunta en su agenda una cita para el lunes. 

P.S. Dedicado a cierta persona que hoy tiene que por primera vez visitar este "calvario". 


AVISO PARA NAVEGANTES:
Todo el contenido de este post es fruto de la imaginación de su autor, los datos en el expuestos no tienen por qué ser ciertos ni correctos.

lunes, 3 de enero de 2011

AÑO NUEVO, VIDA NUEVA II

Para poder entender por completo el significado de este relato, amigo lector, antes has de leer el relato anterior, titulado "Año Nuevo, Vida Nueva"



Clara entra en su casa, con la cabeza gacha, preparada, en la medida de lo posible para la paliza que sabe que se le avecina. Lleva 2 días sin aparecer por casa. Ha conocido a Alejandro, un chico 3 años mayor que ella, hasta ahora encantador. 

La pobre Clara nunca ha llegado a acostumbrarse a las palizas de Julian. Nunca está lo suficientemente preparada para recibirlas, en cambio, siempre se resigna, cerrando los ojos y rezando, porque ésta no sea la última, porque esta no signifique su muerte, su desaparición anónima de ésta vida. 

Se encamina al salón de su casa, lentamente, tico-taco, tico-taco resuenan sus tacones por el pasillo.  Sabe que su precioso vestidito rojo no llegará al medio día. Desde su posición oye la tele que Julián debe estar viendo, las noticias de las 10.30 AM. Tico-taco, tico-taco. 

Su travesía le lleva a dos pasos del salón, asoma su cabeza y....


Dos días antes:
Tras la salida de Clara, Julian sale también. "Esta puta no se va a reír de mí, voy a pasármelo en grande, y cuando volvamos a casa se va a enterar".

Julian ha salido también en Nochevieja y acudió a la fiesta en casa de Jaime, el marido de la rubia camarera.  Una fiesta de monstruos. Su fiesta. Será una gran fiesta, Jaime ha pillado alcohol para todos y como no drogas. 

Ambos se quedaron hasta tarde, hasta muy tarde de fiesta. Bebieron de todo, fumaron de todo y consumieron todas las drogas habidas y por haber en casa de Jaime. 

Al amanecer el oscuro velo de la muerte alcanza a Julian y a Jaime. Sobredosis para ambos, dos monstruosas personas devoradas por otro monstruo, las drogas. Sus vidas se fueron apagando mientras ellos volaban, mientras disfrutaban de la embriaguez y el colocón. 

Clara asoma su cabeza al salón, no hay nadie, la tele está encendida, aparentemente sola. Julian no está. Sobre la mesa del salón se encuentra una carta que reza así:

1 de enero de 2011 - 08:00 AM
Esta noche, dos individuos, Jaime Casal y Julian Menéndez, monstruos ambos, han muerto a manos de las drogas. 

Clara, eres una mujer genial, un tesoro, gran parte de mi vida, toda mi vida. 

Esta noche para mi lo ha significado todo, ha sido la más maravillosa noche de mi vida. 
Te espero en casa 
Alejandro Ortega. 
P.S. Vuelve pronto. Te quiero.


Al acabar de leer la carta de Alex, en ella han aparecido unos goterones, lágrimas de Clara. Por primera vez en 5 años, se ha sentido querida. ¿Cómo carajo habrá hecho Alejandro eso? Se supone que habían dormido abrazados toda la noche, o al menos ella se durmió abrazada a Alex y despertó en la misma posición. 

De pronto, diiiin-doooon. El timbre de la puerta. Clara no se atreve a abrir, teme ahora que la carta fuera una inocentada. Se acerca sigilosamente a la puerta y mira por la mirilla. Lo que ve la descoloca. Abre la puerta y en el umbral aparece una mujer rubia, con ojeras. Se miran, se sonríen, salen a la calle, y viven por fin tras varios años de suplicio. 

La camarera rubia acompaña a Clara a casa de Alex y los tres se convierten en grandes amigos para siempre. La magia de la Nochevieja ha actuado, tres personas han cambiado sus vidas. Año nuevo, vida nueva.  

P.S. Dedicado a ti, luchadora incondicional y anónima, que verás que un día tu vida cambiará gracias a los que te rodean. Vive la vida, y en los más insignificantes momentos encontrarás esa vida que ahora anhelas.  

domingo, 2 de enero de 2011

AÑO NUEVO, VIDA NUEVA




Universitario de 21 años, alto, ojos marrones, moreno, de cara muy alegre y cuerpo atlético. Así es Alejandro Ortega, amigo de sus amigos, comprometido socialmente, humilde y sobre todo, humano. Acostumbrado a las noches de amor, pasión y ron Barceló (su bebida favorita) que como siempre, acababan en una fría y solitaria hamaca, al amparo de los primeros rayos del sol, luz madrugadora por excelencia. 

Nuestro amigo acababa sus noches junto a la luna, o como diría Sabina "levantantándole la falda a la luna", dando relevo al sol. Era un personaje de costumbres, el murciélago nocturno, vespertino como él solo. Pero desconocía que su vida cambiaría radicalmente en unos minutos. 

31 de diciembre de 2010. (19:00 horas)

Nochevieja, fiesta estrella de la Navidad entre los jóvenes. Alejandro, comienza su rutina.  Un par de horas de ordenador, cena en casa, ducha rápida, peinado habitual, enfundarse en su atuendo cumpliendo estrictamente la "media etiqueta" y a las 00:00, las uvas. Taaaaaaan (una), Taaaaaaan (dos), taaaaaaaan (tres), Taaaaaaan (cojocojocojo - siempre se atraganta, no falla, y se pone de un azul intenso, hasta que la hábil mano de su madre, acostumbrada ya, le devuelve el tan necesitado oxígeno). 

Tras las uvas, besos a la familia y sale por la puerta de casa, como de costumbre, con la intención de triunfar, pero esta noche...

(00:45 horas)
Desconociendo totalmente la existencia de Alejandro., Clara García camina por la calle de adoquines en dirección a la fiesta más esperada de su vida. Hoy cumple los 18 años y sale por primera vez en Nochevieja. 

Ella viste un hermoso vestido rojo, cortito, pero discreto. Nunca fue fan del destape, aunque sí de la provocación y deseosa de insinuar sus encantos femeninos. Una chica bajada del cielo, ojos azules, pelo castaño oscuro, cara alegre y personalidad encantadora. 

Camina por la calle abajo mientras alguien le grita al oído a través de su móvil, un Nokia 6100 del año 2007. Los gritos rodean a la pobre chica, cuya expresión, hasta entonces alegre, va nublándose y entristeciéndose con cada paso que dá. 

(01:00 horas)
Alex llega a su fiesta. Rodeado como siempre de sus amigos y amigas, se aproxima a la barra del bar, donde la rubia camarera de siempre le sirve su consumición, vaso fino de tubo, ron Barceló con Cocacola, tres piedras de hielo y un trozo de limón. Esta noche no hace falta pagar. 

Todo el mundo pide su consumición habitual, Ron con Limón, Vodka Naranja, más ron, esta vez con Cocacola.... La rubia camarera, enfundada en un vestido negro, largo, de noche, sirve uno por uno a todos y dedica la más tierna de sus sonrisas al grupo de amigos, tratando de olvidar las penurias que sabe tendrá que sufrir a la salida del bar, tras llegar a casa exhausta a altas horas de la madrugada. 

Sobre el escenario, suena, a estas horas, una guitarra acústica. Una chica, arranca acordes de las seis cuerdas del instrumento con una habilidad magistral, rayando la perfección y embaucando a todo el público asistente, que se funden suavemente con la música. No sabe, aún, que es la única persona capaz de hacer llorar, reír y emocionarse a su instrumento. 

Toca con el corazón, no sólo con sus hábiles manos, rasga las cuerdas con pasión, deseando, al igual que la rubia camarera, no tener que volver a casa. Ella desea que la noche no termine, que jamás amanezca, que siempre esté oscuro. 

Desde que vive con Julián, su vida se ha convertido en un purgatorio, nunca pensó que, su media naranja, iba a ser como es, un monstruo borracho, gritón y violento. Era tan amable cuando se conocieron.....

(04:00 horas)
Llega el merecido descanso para nuestra guitarrista. Solo 10 minutos.  Desde que conoció al "verdadero Julian" no está cómoda si se aleja más de lo estrictamente necesario de su fiel compañera, su amante, su amiga, su hermana, su instrumento, conocedor de todos sus secretos, de sus lloros en lo mas oscuro de su habitación, su analgesia tras las palizas propinadas por Julián. A pesar de todo hoy ha decidido ahogar sus penas, asfixiarlas en alcohol, en ron Barceló. 

Nuestro universitario se percata entonces de que le falta algo, de que la noche no es tan completa como hace 6 minutos, estaba tan ensimismado con la música que ni siquiera se percata del silencio hasta pasado un rato. ¿Se habrá enamorado? No, el señor Ortega no es uno de esos tíos fáciles, que se enamora a simple vista, no da importancia al sonido, a las voces, a la música. El es un tipo demasiado duro para sucumbir a esas ñoñerías. 

En la barra las dos chicas conversan un fugaz minuto, se conocen de hace tiempo, desde que compartieron aquella noche en las urgencias hospitalarias. Se miran, se dan cuenta de quien es cada cual y se dedican una sonrisa. Una sonrisa capaz de dar luz al oscuro local,  infantil, pero madura, perfecta y transmisora de sentimientos, de empatía y de comprensión. 

La magistral guitarrista vuelve a escenario, la música celestial vuelve a llegar a los oídos del universitario, del chico incapaz de enamorarse de las ñoñerías. 

De pronto, dos miradas se cruzan en mitad de la noche. Unos ojos azules, llorosos, colisionan con otros, solo con esos dos ojos, marrones, de entre todos los que hay en el bar. Estalla la luz, una mirada que habla por si misma, que dice a gritos, te necesito cerca, te acabo de ver, pero te quiero. 

Son las 10:00 AM del día 2 de enero. Clara sale por la puerta, Alex le dedica su más tierna sonrisa. Se dicen adiós, no hace falta nada más, un beso y hasta la próxima noche, más pronto de lo que nuestro macho que nunca se enamora, espera. Antes de lo que Clara soñaría jamás. 

A las 10.30 AM Clara llega a la puerta de su casa, comienza a subir las escaleras, pesadamente, sabiendo que tras la puerta le esperará Julian. Trata se prolongar su ascenso lo más posible, pero nada es infinito. Llega a la puerta, la abre, enfoca el pasillo y............ Todo termina. 

(algún día sabrás cómo)


PS. Dedicado a todas aquellas personas capaces de dedicar una sonrisa al mundo, a pesar de todo lo demás. Una sonrisa que enamora. 
A todos aquellos capaces de enamorarse con la música. 
A los luchadores y las luchadoras, que día a día ahogan sus problemas, para poder pasar a mejor vida, o para intentar mejorar, en la medida de lo posible, la que ya viven. 

Gracias a ti, asturiana anónima, por ayudarme a volver, por darme el empujoncito que me faltaba y por la colaboración prestada. 
Gracias a tí Salvador Pendón, (Autor del blog Miles de piedras pequeñas) por hacerme volver aquí

domingo, 10 de octubre de 2010

CORRE EL MES DE OCTUBRE

Corre ya el mes de octubre en todos los calendarios españoles. Como cabría esperar el clima ha cambiado, el soleado mes de septiembre ha quedado atrás, sustituido por las otoñales lluvias y ventoleras.

A través de una ventana ligeramente entreabierta se escuchan los trinos de un pequeño pajarito solitario, que espera impaciente la llegada de todos sus compañeros para iniciar el tradicional viaje que le llevará hacia lugares más cálidos.

Por los altavoces de un ordenador suenan los acordes de un gran tema, a la guitarra el por todos conocido como impuntual, Axl Rose.

En estas condiciones un jóven quiebra sus neuronas en la mesa de un escritorio donde se amontonan las colillas, resultado de la búsqueda de inspiración para escribir algo en lo cual nunca fue lo suficientemente bueno.

Sin embargo, aquí sigue diariamente, al pie del cañón, sin abandonar su interés por hacerse un pequeño hueco en el enorme océano internaútico.

Un saludo y hasta más ver.

jueves, 8 de julio de 2010

Un soleado día de Julio




Corría mediados del mes de julio. El sol brillaba ya casi decayendo por el lejano Oeste. A la sombra de un pequeño Manzano, un niño de 10 años devoraba ansiosamente las páginas de una novela de literatura fantástica.

Ese mismo día era su cumpleaños, por ello, antes de dar comienzo a la gran fiesta de celebración sintió las ganas de compartir con el mundo las aventuras de su libro.

De esta forma sorprendió a nuestro jóven amigo la melodía silbada de una hermosa canción. Sonaba cerca del camino a menos de 10 minutos del Manzano bajo el cual se hallaba él, cabizbajo, soñando las aventuras de sus héroes.

Se concentró en el sonido. No sólo era un silbido. Había algo más en aquella dulce melodía. Sonaban también los cascos de un raudo corcel al galope. El niño se acercó al camino, entusiasmado con ver de nuevo a tan fabuloso cuadrúpedo. Habían pasado lo
menos diez meses desde que viese al último caballo en la vida real.

Al llegar a interrumpir el itinerario del corcel y su jinete, se sorprendió muy gratamente. No se trataba de ningún Caballero errante, ni de un imponente Guerrero, tampoco de un gran señor. Era tan sólo una hermosa niña, la cual tendría más o menos su edad.

Los últimos rayos de sol del día iluminaban su silueta, explendida, ergida sobre su hermosa montura. Ella mirò los profundos ojos de nuestro protagonista, el analizó su mirada, le resultaba muy conocida, demasiado familiar.

De pronto la amazona descabalgó dulce y suavemente, se acercó a él y le besó. Fue un beso tierno, largo, maravilloso, del cual nuestro amigo nunca más podría olvidarse.

Tras el beso, la chica miró los profundos ojos del infante, y tras un momento que parecía ser interminable, dijo:
- "llevaba 10 años esperando éste momento, Jon.

domingo, 1 de febrero de 2009

Las Justas De San Andrés


Tiempo hacía que no tenía lugar una celebración tan importante cerca del lugar en que habitamos. Unas justas de tal envergadura no se podían dejar pasar y Jon tenía pensado, desde ya hacía algún tiempo, que esta fuese su primera vez. Hacía ya más de 5 años que estaba entrenándose para tal meta, la cual le permitiría llegar a ser un gran caballero, tal y como años atrás hubiera hecho su padre.


El chico ensilló su corcel su más esbelta bestia, negro azabache, con las riendas y los herrajes en color rojo, característico del escudo de armas de su familia, un lobo alado domesticado por una hermosa dama.


Tras terminar con su corcel, decidió que había llegado el momento de su preparación. Se vistió su armadura, sus guanteletes, afiló su mandoble, sacó brillo a su hermoso yelmo y finalmente cabalgó hasta la basta llanura en la cual tendría lugar la celebración de las justas.


Cuando llegó allí, fue recibido con toda clase de vítores, anunciándole como el futuro guardián de sus tierras, aclamándole y deseándole la mayor suerte posible.


Toda la multitud estaba con Jon, pero alguien a quien él no esperaba ver allí, apareció de repente. Una muchacha preciosa, tal vez la más bonita de las mujeres hasta entonces vista. Era alta, morena, de ojos verdes y con unos rasgos tan sumamente delicados que recordaban por entero a una muñeca de porcelana.


Al verla, nuestro aventurero, descabalgó rápidamente para ir a abrazarla, sentía deseos de apretarla entre sus brazos, acariciarla nuevamente, besarla, fundirse junto a ella hasta constituir, entre los dos, un único ser.


Habían pasado exactamente 5 años desde que ambos muchachos, con poco más de 15 años, estuviesen jugueteando junto aquel arroyo claro y rápido, pero los sentimientos de ambos seguían tan vivos como el primer día.


Los dos jóvenes se miraron fijamente a los ojos, casi desnudándose el uno al otro con la mirada, y de pronto se fundieron en un beso tan tierno y apasionado que hasta el más molesto de los pajarillos entonó un melodioso cántico.


Al día siguiente, las justas estaban saliendo a las mil maravillas. Jon, mientras reflejaba en su mente la viva imagen de su amada, luchaba con su mandoble de doble filo contra toda clase de contrincantes.


El combate final fue el más duro de todos los vistos en la historia de las justas. Ambos contrincantes lucharían cuerpo a cuerpo en un pequeño anfiteatro. Jon bailaba sobre sus dos pies, consciente de que el más mínimo resbalón podría costarle muy caro. Su oponente era un caballero fornido, como un armario de tres puertas, con un hacha de doble filo, y una expresión asesina en su rostro. Alzando el brazo derecho por encima de su cabeza, ejecutó un golpe tan rápido que el hacha cortó el aire con un silbido, pero algo había ocurrido, el joven Jon no estaba allí, y Theoden estaba seguro de haber dirigido su golpe hacia él. Cuando el grandullón levantó la cabeza, vio que todo había terminado para él. En frente suya tenía a la joven más bella que jamás hubiese visto, mirándole entre la multitud, con ojos compasivos y una sonrisa tan radiante que brillaba por sí misma. En su hombro, Theoden, notó por primera vez el peso de la espada de Jon, quien en aquel momento se agachó junto al caballero, le dio una palmadita en el hombro y le dijo:


- Mi gran señor, habéis sucumbido a la magia de una mujer y no ante mi destreza como luchador, no sienta por ello humillación alguna, este torneo es suyo. Usted es quien lo ha ganado.


Al oír sus palabras, Theoden cogió su hacha del suelo, lo limpió y se lo entregó a Jon diciéndole:


- Jóven muchacho, eres el caballero más noble que jamás he conocido, el más rápido con la espada, pero tu arma más temible, la que te permitirá ganar todas las batallas, y salir victorioso de todas tu aventuras, no debes buscarla en tus brazos, sino en tu corazón. Has conocido a una persona maravillosa, por si no lo sabes es mi hija, y el amor que ambos sentís mutuamente os hará invencibles. Te entrego mi hacha, pues digas lo que digas, tú, hijo mío y no Theoden, ni su hija, son los justos ganadores de este torneo.


Cuando el fornido caballero terminó su discurso Jon estaba confuso. Al mirarle fijamente a la cara descubrió la semejanza existente entre dos seres tan nobles, Theoden y Arya eran dos seres tan sumamente iguales que Jon no supo como no se había dado cuenta mucho antes del parentesco que les unía.


Desde entonces, en su gran corazón cabalgan dos nuevos jinetes, una hermosa dama sobre una loba alada de pelaje blanco, y un hombre, tan fuerte y vigoroso con Jon siempre había deseado, que cabalga sobre el mejor de los caballos jamás visto.


Como de su propia lectura se observa, en un día tan indicado como hoy, he decidido contaros una historia, ficticia, con algún rasgo de realidad, pero ante todo, se caracteriza por expresar, ocultos entre sus líneas, ciertos sentimientos que estaban en ese “Rincón de mi corazón”.

miércoles, 28 de enero de 2009

Refelxiones de Un Débil Personaje.



Jon no descabalgó hasta que sus brazos y sus piernas estaban entumecidos a causa del frío de la noche.


Había conseguido huir de sus perseguidores por fin, como si de una criatura débil se tratase. Pero, ¿por qué hacerse el fuerte cuando en realidad simplemente eres una débil criatura?


Se sentó a descansar un poquillo mientras la briosa yegua torda bebía de las aguas claras que en aquel momento, debido a las torrenciales lluvias de la estación estival, atravesaban el camino y bañaban toda la región. Se agachó sobre las aguas del arroyo, y al ver su rostro reflejado, cual Narciso, hace miles de años, descubrió que aquellas facciones fuertes y severas no hacían más que ocultar una debilidad que desde los albores de la tempestar y desde sus orígenes no hacía más que perseguirle.


¿Quién sería mi perseguidor? Y al instante, él mismo encontró la respuesta a su mayor interrogante. El hombre que le había perseguido durante aquella noche era, sin lugar a dudas, el mismo hombre que ahora se hacía aquellas mismas preguntas, pero mostrándose al mundo tal y como es.


¿Qué puedo temer de mi mismo? Dentro de su cabeza una vocecilla le contestó:


- Teme a todo aquello que en su día te hizo fuerte, y así te harás más fuerte aún. Cuida más de tus amigos que de tus enemigos, cura antes sus heridas que las tuyas y protégeles a ellos siempre antes que a ti mismo.


- Eso es exactamente lo que siempre intento hacer, mi querida conciencia, pero no sé hasta que punto cumplo bien con mi deber.


- A eso deben responder aquellos a quienes ayudan y no yo.


- Me resulta difícil encontrar a alguien a quien realmente haya ayudado. La gente mantiene conversaciones conmigo “por cumplir” con sus obligaciones de amigos, pero siento que a todos ellos, uno por uno, les he ido decepcionando a lo largo de todas mis aventuras. Casi 20 años tengo y aún no he conseguido ayudar a alguien que lo necesitase realmente, al mismo tiempo que siempre estoy recibiendo cosas de quienes me rodean, pero, ¿Cómo puedo compensarles? ¿Qué he de hacer para ayudarles? El “dar sin recibir nada a cambio es tan bonito…, pero ¿por qué nadie describió nunca cómo debe sentirse alguien que continuamente recibe, sin nunca antes haber dado nada a cambio?


- No lo sé, mi querido Jon. Tal vez deberías preguntar a esas personas que crees que has decepcionado, si ellos están de acuerdo con lo que tú piensas.


- Estoy seguro de que lo están y además, no me atrevo a preguntarles, por miedo a la respuesta que reciba.


Quería haber subido esto hace unos días, pues reflejaba exactamente cómo me sentía el día que lo escribí, pero a día de hoy sigue teniendo la misma validez.


Un saludo a todos mis nobles amigos!! :(

domingo, 25 de enero de 2009

Aquella Noche de Invierno.




La noche era fría y clara al mismo tiempo. Tres días antes había empezado a nevar y aquel día, la meteorología, por fin había decidido darnos una tregua, un día de descanso.

Una enorme luna llena iluminaba sus pasos, mientras caminaba con su perro pisándole los tobillos, ambos exhaustos por el frío y la rápida caminata.

Tras unos minutos caminando sobre la blanca nieve, dejando una copia impresa de cada uno de sus cansados pasos, llegaron al lugar que ambos buscaban, un hermoso claro en medio del frondoso bosque con un viejo banco de madera en el medio.

Jon se sentó en el banco, encendió un cigarro y se dispuso a mirar al cielo. Y de repente te vio, allí, mostrando todo tu esplendor, con más brillo que todas las demás. Allí estaba la persona que Jon buscaba, alguien con quien en su momento conversamos, en aquella habitación del hospital:

-¡Hola Jon! ¡Nuevamente has vuelto a visitarme! (dijo el anciano con los ojos inundados en lágrimas)

- Por supuesto, ¿Cómo iba a dejarlo para otro día?

- Has hecho bien en venir, siento que ya le queda poco tiempo a esta aventura que es mi vida.

- ¿Y qué va a ser de nosotros cuando te vayas?

- Nunca me iré del todo, si sabes donde buscarme. Búscame en el claro, alto y brillante, desde allí te observaré y por tí velaré.

Al principio Jon, no quería creerle, pero sólo tenía 10 años por aquel entonces.

Cuando le llegó la noticia de lo que finalmente había ocurrido y tras preparase rápidamente para el protocolo habitual, decidió que aquella noche comprobaría la veracidad de las palabras que habían constituido la despedida.

Cuál sería su sorpresa cuando al llegar a l claro anteriormente descrito, y sentarse en su banco, lo encontró, mirándole desde allí arriba tal y como se lo había prometido.

Todavía a día de hoy, y con casi 10 años más a sus espaldas, sigue buscándole en el cielo estrellado de las noches de invierno, le encuentra y estira el brazo para intentar acariciarle de nuevo. Aún no lo ha conseguido, pero sigue día a día persistiendo en sus intentos.

Sin más me despido por hoy, esperando que os haya gustado mi relato de inauguración. Pienso que hoy, día en que se cumplen 10 años de aquel fatídico accidente, debo dedicarle a esta persona unas cuantas líneas en este rincón ficticio de mi corazón, pues en el verdadero corazón ya tiene escrito todo un relato. ¿Qué pensaría él de mí si me viese a día de hoy?... Prefiero no tener que pensarlo.
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