domingo, 2 de enero de 2011

AÑO NUEVO, VIDA NUEVA




Universitario de 21 años, alto, ojos marrones, moreno, de cara muy alegre y cuerpo atlético. Así es Alejandro Ortega, amigo de sus amigos, comprometido socialmente, humilde y sobre todo, humano. Acostumbrado a las noches de amor, pasión y ron Barceló (su bebida favorita) que como siempre, acababan en una fría y solitaria hamaca, al amparo de los primeros rayos del sol, luz madrugadora por excelencia. 

Nuestro amigo acababa sus noches junto a la luna, o como diría Sabina "levantantándole la falda a la luna", dando relevo al sol. Era un personaje de costumbres, el murciélago nocturno, vespertino como él solo. Pero desconocía que su vida cambiaría radicalmente en unos minutos. 

31 de diciembre de 2010. (19:00 horas)

Nochevieja, fiesta estrella de la Navidad entre los jóvenes. Alejandro, comienza su rutina.  Un par de horas de ordenador, cena en casa, ducha rápida, peinado habitual, enfundarse en su atuendo cumpliendo estrictamente la "media etiqueta" y a las 00:00, las uvas. Taaaaaaan (una), Taaaaaaan (dos), taaaaaaaan (tres), Taaaaaaan (cojocojocojo - siempre se atraganta, no falla, y se pone de un azul intenso, hasta que la hábil mano de su madre, acostumbrada ya, le devuelve el tan necesitado oxígeno). 

Tras las uvas, besos a la familia y sale por la puerta de casa, como de costumbre, con la intención de triunfar, pero esta noche...

(00:45 horas)
Desconociendo totalmente la existencia de Alejandro., Clara García camina por la calle de adoquines en dirección a la fiesta más esperada de su vida. Hoy cumple los 18 años y sale por primera vez en Nochevieja. 

Ella viste un hermoso vestido rojo, cortito, pero discreto. Nunca fue fan del destape, aunque sí de la provocación y deseosa de insinuar sus encantos femeninos. Una chica bajada del cielo, ojos azules, pelo castaño oscuro, cara alegre y personalidad encantadora. 

Camina por la calle abajo mientras alguien le grita al oído a través de su móvil, un Nokia 6100 del año 2007. Los gritos rodean a la pobre chica, cuya expresión, hasta entonces alegre, va nublándose y entristeciéndose con cada paso que dá. 

(01:00 horas)
Alex llega a su fiesta. Rodeado como siempre de sus amigos y amigas, se aproxima a la barra del bar, donde la rubia camarera de siempre le sirve su consumición, vaso fino de tubo, ron Barceló con Cocacola, tres piedras de hielo y un trozo de limón. Esta noche no hace falta pagar. 

Todo el mundo pide su consumición habitual, Ron con Limón, Vodka Naranja, más ron, esta vez con Cocacola.... La rubia camarera, enfundada en un vestido negro, largo, de noche, sirve uno por uno a todos y dedica la más tierna de sus sonrisas al grupo de amigos, tratando de olvidar las penurias que sabe tendrá que sufrir a la salida del bar, tras llegar a casa exhausta a altas horas de la madrugada. 

Sobre el escenario, suena, a estas horas, una guitarra acústica. Una chica, arranca acordes de las seis cuerdas del instrumento con una habilidad magistral, rayando la perfección y embaucando a todo el público asistente, que se funden suavemente con la música. No sabe, aún, que es la única persona capaz de hacer llorar, reír y emocionarse a su instrumento. 

Toca con el corazón, no sólo con sus hábiles manos, rasga las cuerdas con pasión, deseando, al igual que la rubia camarera, no tener que volver a casa. Ella desea que la noche no termine, que jamás amanezca, que siempre esté oscuro. 

Desde que vive con Julián, su vida se ha convertido en un purgatorio, nunca pensó que, su media naranja, iba a ser como es, un monstruo borracho, gritón y violento. Era tan amable cuando se conocieron.....

(04:00 horas)
Llega el merecido descanso para nuestra guitarrista. Solo 10 minutos.  Desde que conoció al "verdadero Julian" no está cómoda si se aleja más de lo estrictamente necesario de su fiel compañera, su amante, su amiga, su hermana, su instrumento, conocedor de todos sus secretos, de sus lloros en lo mas oscuro de su habitación, su analgesia tras las palizas propinadas por Julián. A pesar de todo hoy ha decidido ahogar sus penas, asfixiarlas en alcohol, en ron Barceló. 

Nuestro universitario se percata entonces de que le falta algo, de que la noche no es tan completa como hace 6 minutos, estaba tan ensimismado con la música que ni siquiera se percata del silencio hasta pasado un rato. ¿Se habrá enamorado? No, el señor Ortega no es uno de esos tíos fáciles, que se enamora a simple vista, no da importancia al sonido, a las voces, a la música. El es un tipo demasiado duro para sucumbir a esas ñoñerías. 

En la barra las dos chicas conversan un fugaz minuto, se conocen de hace tiempo, desde que compartieron aquella noche en las urgencias hospitalarias. Se miran, se dan cuenta de quien es cada cual y se dedican una sonrisa. Una sonrisa capaz de dar luz al oscuro local,  infantil, pero madura, perfecta y transmisora de sentimientos, de empatía y de comprensión. 

La magistral guitarrista vuelve a escenario, la música celestial vuelve a llegar a los oídos del universitario, del chico incapaz de enamorarse de las ñoñerías. 

De pronto, dos miradas se cruzan en mitad de la noche. Unos ojos azules, llorosos, colisionan con otros, solo con esos dos ojos, marrones, de entre todos los que hay en el bar. Estalla la luz, una mirada que habla por si misma, que dice a gritos, te necesito cerca, te acabo de ver, pero te quiero. 

Son las 10:00 AM del día 2 de enero. Clara sale por la puerta, Alex le dedica su más tierna sonrisa. Se dicen adiós, no hace falta nada más, un beso y hasta la próxima noche, más pronto de lo que nuestro macho que nunca se enamora, espera. Antes de lo que Clara soñaría jamás. 

A las 10.30 AM Clara llega a la puerta de su casa, comienza a subir las escaleras, pesadamente, sabiendo que tras la puerta le esperará Julian. Trata se prolongar su ascenso lo más posible, pero nada es infinito. Llega a la puerta, la abre, enfoca el pasillo y............ Todo termina. 

(algún día sabrás cómo)


PS. Dedicado a todas aquellas personas capaces de dedicar una sonrisa al mundo, a pesar de todo lo demás. Una sonrisa que enamora. 
A todos aquellos capaces de enamorarse con la música. 
A los luchadores y las luchadoras, que día a día ahogan sus problemas, para poder pasar a mejor vida, o para intentar mejorar, en la medida de lo posible, la que ya viven. 

Gracias a ti, asturiana anónima, por ayudarme a volver, por darme el empujoncito que me faltaba y por la colaboración prestada. 
Gracias a tí Salvador Pendón, (Autor del blog Miles de piedras pequeñas) por hacerme volver aquí

2 comentarios :

  1. La verdad es que me encanta. No sabía que tenía a mi lado a alguuen capaz de escribir algo tan bonito.
    Me gusta mucho el relato y me gustaría saber qué es lo que le pasa a Clara cuando llega a su casa.
    Sabes que no soy la persona que mejor expresa sus sentimientos en un papel o en la pantalla de un ordenador, pero sabes que me encanta.

    Espero poder leer más de estos.

    Un beso muy grande.

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  2. Ya ves, cristina, a veces la gente te sorprende. A decir verdad, no creo que sea para nada tan bueno. Pronto tendrás más noticias de la pobre Clara (mientras escribo esto ya las habrás tenido gracias a un cambio de idea mío)

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